De La Consistencia Y Compromiso Del Creyente

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En cuanto al tema que anuncia el título de este escrito, creo que el mejor modo de enfocarlo no puede ser otro sino el de Dios y encontramos en Apocalipsis 3:15-16 esta declaración Suya por boca de Juan: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

¿Qué más duras palabras se podrían decir con respecto a la tibieza de ánimo, a la falta de definirse frente a Dios, a pretender estar con un pie en el pecado y con el otro en la piedad, es decir, a la mediocridad espiritual?

Apreciemos que Dios no dice que le da ira santa esa actitud o que le da desprecio o cualquier otro sentimiento. Lo que dice es que le da asco, es decir, le produce náuseas, tomando esa reacción humana ante algo repugnante para hacernos entender cómo aprecia esa actitud mediocre.

Como obviamente ningún creyente sincero podría desear ser así apreciado por Dios, este escrito pretende discernir o dar luz a cómo vivir la vida cristiana de modo que, por el contrario, le produzca a Dios satisfacción porque la percibe como olor fragante.

¿A qué hago referencia al mencionar “olor fragante”?

En Exodo 29 quedaron registradas las instrucciones divinas para la consagración de Aarón y sus hijos como sacerdotes, estipulándose un holocausto para ello. En el verso 18 se instruye: “Y quemarás todo el carnero sobre el altar; es holocausto de olor grato para Jehová, es ofrenda quemada a Jehová”

Asimismo, en Levítico 1 Jehová da a Moisés las instrucciones para los holocaustos que realice el pueblo diciendo en el verso 9: “y lavará con agua los intestinos y las piernas, y el sacerdote hará arder todo sobre el altar; holocausto es, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.”

Notemos la indicación “todo el carnero” y “todo sobre el altar” y luego se menciona que dicho holocausto será “de olor grato”. En consecuencia, la ofrenda es agradable a Dios no tanto por el hecho de hacerla en sí, sino porque no se Le mezquina nada, la entrega de la ofrenda a Él es total.

Pablo instruye a los creyentes en Efesios 5:1-2 lo siguiente: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”.

Esa mención de Pablo al olor fragante del sacrificio de Cristo obviamente evoca, metafóricamente, los sacrificios veterotestamentarios que se estipularon a ser quemados plenamente. Precisamente el sacrificio de Cristo fue de absoluto olor fragante para Dios Padre ya que implicó su total entrega por nosotros en ofrenda y sacrificio sustitutivo y esto en tal grado que si bien no se puede decir que Dios murió en la cruz (Dios no puede morir, es eterno), con todo, quien moría era Dios (ya que Cristo es - y sigue siendo- Dios revestido de humanidad y murió en cuanto ella), por ello Pablo válidamente pudo decir: “se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. 2:8).

Cabe mencionar que Cristo no fue sólo el holocausto, sino que fungió también como definitivo sacerdote haciendo, de este modo, cesar para siempre la necesidad de cualquier otro sacrificio y cualquier otro sacerdote como bien se nos ha sido revelado por medio del autor de Hebreos al decir: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.” (He 7:25-27).

Vimos que en Efesios 5:1 Pablo instruye ser imitadores de Dios. Esto implica vivir de un modo que Le honre. Luego alude a que ese modo de vida cristiano debe ser andar “en amor” e indica claramente que el modelo de así vivir es Cristo que se entregó a sí mismo (“Nadie me la quita (la vida), sino que yo de mí mismo la pongo” Jn. 10:18a) en ofrenda y sacrificio pleno por nosotros siendo por ello su vivir de sumo agrado para Dios.

Ahora entendemos por qué Pablo dice en Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. El adjetivo “racional” (o espiritual) traduce el griego logikós: y significa “razonable”, “lógico”, “pertinente”. Y lo es en el sentido obvio que debemos así vivir (en plena entrega y compromiso) porque así vivió Cristo. No se refiere en sí a dar la vida (aunque ello podría ser el caso como lo fue para los mártires), sino más bien a vivir comprometidamente compartiendo ese oficio sacerdotal (1 P. 2:5) en el que, como Cristo, nos debemos poner a nosotros mismos como sacrificio agradable a Él viviendo de un modo santo, así como testificando de él (1 P. 2:9).

Si somos conscientes de lo que Cristo hizo por nosotros para reconciliarnos con Dios, es decir, el costo que le supuso (1 Co. 6:20; 1 P. 1:18-19) y que no hubo otra razón que el amor a nosotros (Ef. 2:4-5) y que nos hemos beneficiado de su obra salvadora por gracia por medio de la fe (Ef. 2:8-9), no cabe otra opción que vivir para él como él vivió y murió por nosotros, esto es, con amor comprometido. ¿De qué modo? haciendo morir cada día nuestra vieja naturaleza correspondiendo así a tal amor.

Una media vida cristiana, un medio creer, un comprometerse a medias en realidad sólo puede producir rechazo divino. Esto no significa que se perderá la salvación, de ser creyente. Por el contrario, debemos entender que nunca ha sido, ni será el ánimo de Dios ni de Su Hijo desechar a nadie, pues él dijo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37). Su exhortación acerca de Su posición ante la mediocridad frente a Él es más bien buscar que reflexionemos y que recapacitemos si no estamos viviendo plenamente, esto es, al grado que nos es posible, de un modo que Le agrada.

Acudamos, pues, a él en oración y pidámosle fe, es decir, fidelidad; en otras palabras, compromiso y, luego, esforcémonos por avanzar cada día en ese sentido.

ESFUERZATE Y SE VALIENTE (Jos. 1:6; cp. Dt. 31:6; 2 Cr. 32:7)

— J. Eduardo Alvizuri, RRI, Red Radio Integridad

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